México tuvo suerte en el sorteo y cualquiera que diga lo contrario no vio los otros grupos. Sudáfrica, Corea del Sur y Chequia: ningún coco, tres rivales con huecos, y los tres partidos en casa con el estadio empujando.
Partido por partido
11 de junio, vs Sudáfrica (Azteca). Partido inaugural, presión máxima y rival que se va a encerrar. Los inaugurales históricamente son cerrados y con pocos goles: el Tri favorito claro, pero el marcador abultado es menos probable de lo que la euforia sugiere.
18 de junio, vs Corea del Sur (Akron, Guadalajara). El rival más incómodo del grupo: intensos, ordenados y con velocidad arriba. Probablemente el partido que define el primer lugar. Aquí el en vivo vale más que el pre-partido: Corea empieza fuerte y se desgasta.
24 de junio, vs Chequia (Azteca). Cierre del grupo. Si el Tri llega clasificado, cuidado con las rotaciones, ese dato mueve momios y no aparece hasta la alineación. Si llega necesitado, el Azteca a presión es otro deporte.
La trampa emocional de apostarle al Tri
El momio de México en casa siempre carga sobreprecio: medio país le apuesta con el corazón y la casa lo sabe. Eso no significa no apostarle al Tri; significa buscar los mercados donde el patriotismo no infló el precio: más/menos goles, hándicap, en vivo tras el arranque.
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